

Lejos de la admiración –que significa valorar a otras personas y valorarse- la envidia es un sentimiento negativo. Poco se habla de ella, y sin embargo todos la sufrimos en mayor o menor grado, porque es común en la mayoría de los seres humanos. Pero además, se trata de una reacción capaz de desatar el dolor más desmesurado, tanto personal como de proyección hacia los demás.
Así, en un amplio abanico y en comunión con diversos factores, pueden caer bajo su influencia desde un aspecto más agraciado, hasta la felicidad ajena. Y, siempre se expresa a través de un daño: por ejemplo, un rayón en el auto recién adquirido; hasta motivar incluso trabajos de magia negra tendientes a destruir, por ejemplo, un entorno familiar armónico.
Si este es su caso, no se desespere. El secreto para que desaparezca es muy sencillo: sólo deberá centrarse en sí misma y en las propias capacidades. Para ayudarla a lograrlo, puede construir un “escudo”.
Se trata de una sencilla piedra, un trozo de mineral que, debidamente purificado y procesado se convierte en un talsimàn para acompañarnos en todo momento. Este objeto se encargará de rechazar la energìa negativa emitida por los envidiosos.
Identificando al “Protector personal”
Para construir el escudo en cuestión, el primer paso consiste en saber elegir la piedra adecuada. Las opciones son sencillas:
➜ No dude en utilizar alguna que recogió durante un paseo por el campo o la montaña, y decidió conservar porque la encontró extraña o le llamo la atención
➜ De lo contrario, realice un paseo en contacto con la naturaleza, y camine hasta encontrar algún trozo de mineral que atraiga su atención. Una vez escogida esa piedra, sosténgala un momento con la mano izquierda. Luego cierre los ojos, apóyela sobre su ombligo –que es el centro de su sistema enérgico- y pregúntele mentalmente por qué ha llegado hasta usted.
La respuesta no tardará en llegar, surgiendo en su mente a través de figuras, colores, o incluso una escena; y tal vez viva una experiencia visionaria semejante a un sueño. Simplemente porque, si bien la conciencia de la piedra es enteramente distinta a la nuestra, es posible comunicarse con ella a nivel espiritual.
Segundo paso: Purificacion del mineral
Es imprescindible antes de utilizar la piedra en cuestión. Sencillamente porque, en su tránsito desde el lugar de origen, es probable que haya pasado por muchas manos y sitios, cargándose de energías e influencias negativas.
Así, en cualquier caso, proceda de la siguiente manera:
➜ Lave la piedra con agua de pozo en la que haya disuelto una cucharada de mirra
➜ Déjela secar cerca de una ventana durante todo un día y una noche
➜ Prepare un incienso, mezclando una cucharadita de hoja de laurel molido, otra de comino y una de canela
➜ Coloque en una vasija de barro dos carbones encendidos, y agregue la mezcla
➜ Cuando comience a desprenderse humo, sostenga la piedra sobre la vasija hasta que el fuego del incienso se consuma
➜ Luego límpiela con su aliento. Para ello, con la mano, inspire hondo, frunza los labios y exhale el aire lentamente hacia ella
➜ Y por último, póngala a reposar tres días cerca de una ventana
Ahora sí: a construir el Escudo
En tal sentido, el primer paso de protección contra la envidia consiste en conjugar las fuerzas animales y minerales.
Para ello, transcurridos tres días del ritual anterior, y en horas del atardecer, pinte en la piedra con color violeta (esmalte de uñas, óleo, etcétera) la figura de un aliado animal.
Cómo detectarlo? Simplemente debe tener en cuenta la estación del año correspondiente a su llegada al mundo:
➜ Si nació en primavera: dibuje un delfín
➜ Si nació en verano: un caballo
➜ Si nació en otoño: un murciélago
➜ Y si nació en invierno: una tortuga
Asimismo:
La figura de su aliado deberá ser solo una y del tamaño más grande posible
No es importante dibujarlo lo más parecido posible.
Es fundamental que el dibujo lo realice la misma persona que buscó la piedra, la purifico y piensa emplearla como escudo
Finalmente, cabe señalar que dicho escudo es absolutamente personal. Téngalo muy en cuenta porque, al ser utilizado por otra persona, no sólo no resultaría efectivo: también se dañaría, junto con su verdadero dueño.